Hoy ese acto innovador, de
lograr lo máximo con lo mínimo, hace de los comerciantes santuarianos,
marinillos y granadinos el grupo más próspero del comercio popular en el
país, como lo prueban las cifras y propiedades que manejan, y lo más
sorprendente: se hicieron de la nada.
Las primeras generaciones
de negociantes, años 40 y 50, salieron de sus minifundios acosadas por
el hambre para rebuscarse el pan en las fincas cafeteras del suroeste de
Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío.















